En un entorno donde la velocidad y la innovación marcan el compás, empezar un proyecto sin una buena base es como levantar una casa sin planos. Lo más probable es que aparezcan errores, retrasos, sobrecostes... o directamente un fracaso. En Thankium lo sabemos, y por eso no improvisamos: antes de cualquier movimiento, abrimos un espacio clave de descubrimiento, análisis y alineación. Lo llamamos workshop de requisitos.
Pero no hablamos de una reunión ni de una presentación. Un workshop es una sesión de trabajo colaborativo, pensada a medida para cada proyecto. Reunimos a todas las piezas del puzzle: desde el CEO hasta el equipo de ventas, pasando por perfiles técnicos y responsables con capacidad de decisión. A su lado, nuestro equipo de estrategia, UX y organización. ¿El objetivo? Ponerlo todo sobre la mesa, entender las necesidades reales, alinear expectativas y convertir la visión en un plan concreto, viable y compartido.
Más que nada para evitar algo que hemos vivido muchas veces. Cuando una empresa se salta esta fase, lo acaba pagando. Aparecen funcionalidades que no responden a las necesidades del usuario, desajustes entre lo que se pide y lo que se espera, retrasos por falta de claridad o proyectos bloqueados por algo que no se definió a tiempo. Por eso, dedicar unas horas a un workshop no es un coste, es una inversión estratégica con retorno asegurado.
En este artículo te contamos qué es exactamente un workshop de requisitos, por qué resulta tan necesario, qué beneficios aporta, cuáles son las claves para que funcione... y cómo lo aplicamos en Thankium.
¿Qué es un 'workshop' de requisitos?
Un workshop de requisitos es una sesión estructurada y colaborativa donde cliente y facilitadores trabajan codo con codo para definir, aclarar y priorizar la información que dará forma al proyecto. No es una reunión de traspaso ni una sesión de presentación de ideas. Es un espacio de cocreación.
Aquí todo el mundo aporta. Se comparten procesos, se expresan dudas, se identifican fricciones y se visualizan objetivos. A través de ejercicios prácticos, dinámicas grupales, herramientas visuales y metodologías como el design thinking, se construye una imagen real del punto de partida y del camino que se deberá seguir.
El verdadero valor está en lo que emerge cuando diferentes áreas comparten su visión. Por ejemplo, el equipo de ventas puede exponer un problema real que el área técnica desconocía; operaciones puede revelar cuellos de botella que no habían llegado al comité de dirección. En estas fórmulas de trabajo, muchas veces por primera vez, aparece una visión completa y transversal del proyecto. Y, con ella, la claridad.
Eso es lo que consigue un buen workshop, que todas las partes entiendan lo que deben hacer, por qué lo hacen y cómo encaja su papel con el de los demás. Se alinea lo que se quiere con lo que se puede hacer y se prioriza lo que realmente importa.
Por qué son tan necesarios
Uno de los errores más comunes cuando se trabaja con proyectos complejos es saltarse la fase de descubrimiento. Al hacerlo estás abocado a cambiar de rumbo constantemente, que las verdaderas necesidades surjan surgen tarde, lo que conduce a la confusión y el desgaste. Un workshop de requisitos previene ese caos y genera beneficios muy concretos:
Menos margen de error. Cuando toda la información se recopila y valida desde el principio, los malentendidos desaparecen. Lo que podría suponer meses de trabajo, se resuelve en pocas sesiones bien planteadas.
Visión global y compartida. Cada participante entiende no solo su parte, sino el todo. Se evita el clásico “eso no era cosa mía” y se construye desde la conexión, no desde los silos.
Plan de acción claro El resultado tangible es un mapa de ruta donde cada tarea, prioridad y decisión queda plasmada. Sin ambigüedades.
Oportunidades inesperadas. En más de una ocasión, durante el workshop aparecen ideas o necesidades que no estaban previstas, pero que abren puertas a nuevas fases o mejoras del proyecto.
Ahorro real de tiempo y costes. Proyectos que podrían alargarse dos años, se estructuran para ejecutarse en seis meses. Lo hemos comprobado más de una vez.
Impulso emocional y compromiso. Cuando las personas sienten que han sido parte activa del diseño del proyecto, se implican más. No solo saben qué hay que hacer, también quieren hacerlo bien.
En resumen: un workshop de requisitos no es un añadido, es la piedra angular de cualquier proyecto que quiera salir bien desde el minuto uno.
Requisitos para que un 'workshop' funcione
Un workshop potente no ocurre por casualidad. Detrás hay diseño, preparación y facilitación experta. Estas son las claves que marcan la diferencia:
Elegir bien a los participantes. Hay que contar con las personas clave: responsables de área, perfiles con conocimiento profundo del negocio… y alguien con capacidad de decisión. Sin un decisor, la sesión se queda coja.
Diseño a medida. Cada proyecto tiene su propio ritmo, complejidad y contexto. Por eso, en Thankium nunca repetimos un workshop. Adaptamos la duración, los ejercicios, los materiales y los entregables al cliente y al reto que tenemos delante.
Facilitación con cabeza y con foco. Guiar un workshop no es sólo moderar, es leer la energía del grupo, mantener el hilo, abrir espacio para todas las voces y evitar que la conversación se disperse. Nuestros facilitadores consiguen que la sesión avance aportando criterio, visión estratégica y metodologías de UX que enriquecen el resultado.
Metodología clara, flexible y con propósito. Usamos mapas de actores, flujos, ejercicios de ideación, herramientas visuales y técnicas de priorización. La estructura puede adaptarse en el momento, pero siempre con un objetivo claro: extraer información útil y accionable.
Un ambiente que invita a participar. Nada florece si el entorno no acompaña. Por eso cuidamos que cada persona se sienta escuchada, respetada y libre de aportar. Aquí no se impone, se construye.
Un entregable que no se queda en el cajón. Al cerrar el workshop, debe haber un resultado concreto: un plan de acción, un documento de requisitos, un backlog de funcionalidades, un mapa de procesos… Algo que sirva de guía y que se pueda aplicar desde el día siguiente.
Duración pensada, no impuesta. Un buen workshop puede durar desde medio día hasta varios, dependiendo del proyecto. Lo importante no es llenar el calendario, sino aprovechar cada minuto.
Cómo lo aplicamos en Thankium, un caso real
Hace poco trabajamos en un proyecto especialmente complejo: distintas áreas implicadas, visiones poco alineadas y un reto claro por delante. Necesitábamos coordinar la mirada del CEO, las necesidades comerciales, las limitaciones técnicas y, al mismo tiempo, diseñar una experiencia de usuario potente.
Organizamos un workshop a medida con estos perfiles clave:
El CEO, máximo responsable del proyecto.
El responsable de ventas, con el pulso directo del cliente.
El responsable de tecnología, encargado de validar la viabilidad técnica.
Personas clave de las áreas de operaciones y marketing.
Por nuestra parte, una experta en estrategia y UX y nuestro equipo de facilitadores.
Durante las sesiones, salieron a la luz necesidades que hasta entonces no se habían detectado. Se acordaron con claridad los elementos clave que debía incluir la primera fase, se consensuó un plan de acción compartido y se identificaron nuevas oportunidades de escalado para futuras etapas del proyecto.
El resultado fue un proyecto con visión nítida, tiempos optimizados (pasamos de una previsión de dos años a sólo seis meses) y un cliente que avanzó con la tranquilidad de saber que cada paso tenía sentido, porque respondía a un plan serio, compartido y bien pensado.
Un workshop de requisitos no es una formalidad ni un paso opcional. Es ese momento decisivo donde las ideas bajan a tierra, el caos se ordena y los equipos dejan de ir por libre para empezar a remar en la misma dirección.
En Thankium no lo defendemos por intuición, lo practicamos. Cada workshop es único e irrepetible, pero todos tienen algo en común: convierten la incertidumbre en claridad y el impulso creativo en un plan que se sostiene. Sin duda, construir bien no empieza cuando se ejecuta, arranca cuando se entiende.

