Todo empieza con la narrativa. Todo. Porque un evento sin narrativa sólo es una agenda decorada. Da igual que sea una feria, una rueda de prensa o una activación efímera, si no hay un relato detrás, todo se desinfla. Por eso, lo primero que construimos en Thankium, además del plano y el timing, es la historia. La misma que guiará al asistente como si fuera el protagonista. Esa que lo hará avanzar con sentido, emocionarse con lógica y recordar con profundidad.
Pensamos los eventos como los guionistas piensan una buena serie: con un arranque que atrape, momentos que sorprendan, pausas que te dejan descansar y con un final que deja eco en la memoria de los asistentes. No hay efecto sin causa. No hay clímax sin antes un silencio. El ritmo es una mirada. Todo evento que busque dejar huella, necesita tener clara esa mirada narrativa.
Ritmo emocional y arquitectónico
El ritmo se diseña. Se camina. Se escucha sin auriculares. Es la luz que baja en el momento exacto, la puerta que se abre cuando nadie la espera, la música que acompaña sin robar foco. Es el cuerpo del visitante sintiendo que algo pasa, aunque no sepa muy bien por qué.
En Thankium construimos ese ritmo desde dos planos: el emocional y el físico. Por un lado, trabajamos con la emoción como brújula, modulando la energía del evento para que haya respiros, impactos y zonas de calma. Por otro, diseñamos el espacio como un relato en sí mismo, con recorridos intuitivos, puntos de fuga y focos que guían y bailan alrededor del espectador.
Nos gusta decir que los eventos se coreografían para que todo fluya. Queremos que el visitante respire al ritmo de la marca. Que sienta, sin necesidad de explicaciones, que está viviendo algo que tiene sentido. Y eso, cuando ocurre, es inolvidable.
Elementos sorpresa y personalización
Lo inesperado deja huella porque descoloca, sobre todo cuando está hecho con intención. No se trata de hacer algo distinto por el simple hecho de ser distinto, se trata de encontrar el momento exacto para lanzar una pregunta, regalar una experiencia o provocar una reacción que no estaba en el guion… pero sí en el mensaje.
En Thankium cuidamos esos gestos con la misma precisión que el resto del evento. No son extras, son plot points, como dicen en el cine. Detalles que se convierten en conversación. Una nota escrita a mano que nadie esperaba, una acción que responde en tiempo real al comportamiento del público, una interacción pensada para una sola persona. Y mil cosas más. Cuando el asistente siente que eso que vive es solo suyo, la experiencia se multiplica.
La personalización no es una tendencia, es una forma de respeto y, por qué no, también una estrategia. Hablarle a cada quien en su idioma, desde su necesidad y con su nombre. Detalles que generan vínculo, generan recuerdo.
Medir la huella, de la emoción al dato
Decir que un evento fue un éxito porque “salió todo bien” es quedarse cortísimo. ¿Hubo emoción? ¿Se habló del evento después? ¿Se compartieron momentos espontáneos? ¿Se sintió algo que no estaba escrito en el programa? Eso también se mide. Por lo menos nosotros lo medimos.
Nuestros informes tras el evento no se quedan en cifras de asistencia o tiempos de permanencia. Medimos lo que de verdad importa, el ROI emocional, el impacto cultural, el eco en redes, las menciones espontáneas, las repeticiones. Un evento bien pensado no termina cuando se desmonta el último foco. Termina cuando deja de hablarse. Y si está bien diseñado, eso puede tardar mucho tiempo.
Eventos inolvidables
El recuerdo no se improvisa. Se construye. Con ritmo, con alma y con una intención que no busca complacer, sino conmover. A los thankiunitas nos gusta apuntar que no hacemos eventos para que todo salga perfecto, los organizamos con la idea de que todo signifique algo. Cuando eso ocurre, se nota. La gente repite, la marca crece y la conversación no se apaga.
Sin duda, los eventos que se recuerdan son los que dijeron algo que valía la pena decir. Con la luz justa. Con el silencio necesario. Con la historia bien contada.

