En una agencia de publicidad se junta lo mejor de cada clase. A saber. Trabaja en una agencia de publicidad el que se presentó cada año a delegado y nunca salió elegido. Aquel que generaba los debates en clase haciendo las preguntas más irrelevantes. Y qué decir del que tenía todos los márgenes de los libros llenos de dibujos. O el moderno que trajo el primer Discman... Todos tenemos a alguien en mente que cumple el perfil. Hoy por hoy, probablemente, ese excompañero trabaje en una agencia de publicidad. Si no te viene nadie a la cabeza, es muy posible que ese alguien seas tú.
Sin duda, el trabajo de una agencia no se soporta con números. La mayoría de las veces se trata de intuición, de fe, de actitud, de duende. Subjetividad orgullosa. Eso es lo que diferencia el trabajo de una agencia de publicidad del resto de trabajos del mundo. Aquí todo es lo opuesto: ¿nadie lo hace así? Entonces vamos por el buen camino. Abriendo. Explorando. Jugando con las letras y las palabras, con los colores y las imágenes. Pasándolo bien.
A todos los publicistas del mundo les une una cosa, todavía creen que pueden hacer algo grande, lo que sea, pero grande. Da igual la edad que tengan, de donde sean o donde estén. Cada briefing es una oportunidad de ponerte a ti y a tu agencia de publicidad en el mapa. ¿Y para qué? Trabajar en una agencia de publicidad no es más que ambición y adicción al trabajo bien hecho. No se trata de demostrar todo lo que he estudiado, todo lo que hago o todo lo que sé. Esto va de lo que soy.
Todos los que trabajamos en una agencia de publicidad guardamos una parte de niñez. Seguimos en ella. Todavía no hemos perdido esa energía que te hace estar activo, que te mantiene inquieto, ansioso por descubrir, por aprender, por lo nuevo. Sin los miedos al que dirán, ni a equivocarse. Sólo al director creativo, el eterno padre. Nosotros somos los que aún podemos ver una serpiente que se ha comido un elefante.

