Comunicación interna

Empresas con calculadora y empresas con corazón

Antiguamente, a.I (antes de Internet), la competitividad entre empresas era un asunto de calculadoras. Hoy, la cuestión es emocional. Hay que dirigir con el corazón.

Carta de juego diez de corazones sobre fondo verde.
Carta de juego diez de corazones sobre fondo verde.
Julián Martínez
Julián Martínez

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11 de abril de 2013

11/4/13

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2 min.

En un mundo donde la competencia es el disparo de salida y todos realizamos las mismas marcas, una milésima de segundo puede hacerte campeón. Antiguamente, a.I (antes de Internet), la competitividad entre empresas era sólo una cuestión de calculadoras. Hoy en día, la cuestión es emocional. Sólo las empresas que dirigen con el corazón tienen el futuro asegurado. Las cuentas de resultados e informes de producción son útiles, como lo puede ser el teléfono. Pero, ¿de qué sirve el teléfono si no tienes nadie con quién hablar?

En una pequeña organización no debería ser difícil conocer a la gente que te rodea, saber de ellos, saludarles por las mañanas… El problema viene cuando esa organización crece. Puede que crezca manteniendo un equilibrio racional y emocional o puede que no. Entonces los trabajadores se convierten en gastos fijos y es posible que el corazón no bombee sangre para todos. En el peor de los casos, puede producirse un paro cardíaco.

Las empresas zombis existen

El corazón les ha dejado de latir, pero aún se mueven. ¿Acaso son zombis? Lo son. Y si acabas trabajando para ellas, tienes alto riesgo de convertirte en uno. ¿Pero los zombis existen? Existen y se reconocen fácilmente. Suelen ir aguantándole la mirada al suelo, lo único que les hace despertar son los minutos que se exceden de su hora de salida y para ellos, el puente de mayo es lo más parecido a la felicidad. Al menos estas empresas se cavan su propia tumba.

Podemos aprender mucho con el programa de El jefe infiltrado. Una serie documental en la que un alto directivo de una gran empresa se incorpora de forma anónima a su propia compañía como un trabajador más. Como les gusta decirle al resto del equipo directivo: “Voy a infiltrarme en el sistema”. ¿Lo lideras pero no eres parte de él?

El jefe abandona su despacho para conocer de cerca a sus empleados, cuáles son sus preocupaciones y qué opinión tienen de sus superiores. El jefe abandona el despacho para hacer su trabajo. Una vez recibido este electroshock con una mezcla de guión y realidad, el directivo intenta mejorar su propia empresa.

¿Quizá haga falta un responsable de sentimiento corporativo? La televisión tiene sus cosas buenas.

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